Anoche, sin venir a cuentas, me paré a pensar en la temperatura de mi cuerpo y en la del tuyo. En la temperatura que formaríamos juntos.
Pensé que después de hacer el amor enredaríamos los pies y, juntos, nos fundiríamos en un sinfín de temperaturas, ardientes y heladas, llenas de amor y de pasión...
Y que amanezcas con la marca de mi carmín en la cara...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


No hay comentarios:
Publicar un comentario